Cuando una estrella global aterriza en El Salvador, no solo sube el volumen de los parlantes. También se mueve la economía.
Los conciertos de Shakira en territorio salvadoreño marcaron un punto de inflexión para el turismo de espectáculos en el país. Según cifras oficiales, el impacto económico alcanzó los $110 millones en divisas, una cifra que sigue resonando como referencia cada vez que se habla de grandes eventos internacionales.
Un fenómeno que trascendió el escenario
La ministra de Turismo, Morena Valdez, informó que entre el 1 y el 15 de febrero más de 72,000 visitantes internacionales ingresaron al país motivados por los conciertos.
No se trató únicamente de asistentes locales. De los 143,000 boletos vendidos, aproximadamente la mitad correspondió a extranjeros.
Llegaron desde:
GuatemalaNicaragua
Honduras
Costa Rica
Panamá
México
Colombia
Estados Unidos
Países de Sudamérica
España
El dato no es menor. Revela que el espectáculo convirtió al país en un polo regional de entretenimiento.
Turismo musical: la nueva vitrina económica
El Ministerio de Turismo estimó que la “residencia” de la artista en Centroamérica provocó un derrame económico de alrededor de $110 millones en ingresos de divisas.
Hoteles llenos.
Restaurantes operando a máxima capacidad.
Transporte privado, plataformas digitales y comercio formal e informal dinamizados.
Cada boleto vendido representó mucho más que una entrada al estadio: fue consumo en alojamiento, alimentación, movilidad y compras.
El concierto dejó claro que El Salvador puede competir como sede de eventos de escala continental.
Más que un show: una señal política y económica
En términos estratégicos, estos conciertos funcionaron como vitrina internacional.
Un país que durante décadas fue asociado a conflicto y migración forzada logró proyectarse como destino de entretenimiento masivo. Esa narrativa también genera valor económico.
El turismo de conciertos no es un fenómeno aislado. Forma parte de una estrategia más amplia: atraer visitantes con experiencias culturales, deportivas y musicales que eleven el gasto promedio por turista.
El impacto que sigue vigente
Aunque los conciertos ya forman parte del calendario histórico del país, el efecto permanece como referencia para futuras negociaciones con productoras internacionales.
Cada vez que se evalúa traer a otro artista global, la cifra de $110 millones vuelve a la mesa.
Porque el verdadero legado de aquellos espectáculos no fue solo el repertorio en vivo, sino la demostración de que la industria del entretenimiento puede convertirse en motor estructural de divisas.
El escenario se desmonta en días.
Pero el impacto económico —y la discusión sobre el modelo turístico del país— permanece abierto.
